¿Cómo te sientes hoy, libre o atrapad@?

Hoy ha venido a la consulta una niña de 15 años. Contaba una relación con la comida que le hacía no encontrarse bien; se sentía triste porque aunque podía tener hambre, no había ningún alimento que le llamara la atención y comía poco, y  sin embargo, ella quería ser como sus hermanos, sus amigos, como el resto de la gente… que disfrutaban con la comida. Pero a ella no le pasaba eso. Además creía que no podía hacer nada para solucionarlo y que nada iba a funcionar porque llevaba tiempo, años, así y seguía igual. Parecía estar atrapada en una jaula, con su continuo diálogo interior “negativo”, sin ver salida y sin darse la oportunidad tan siquiera de buscarla.

 

¿Sabes cuántas decisiones tomas en tu vida?

Yo tampoco,  porque son incontables.

Continuamente estamos tomando decisiones para todo. Y no me refiero a las grandes decisiones de la vida, que también,  sino a las situaciones más cotidianas: qué me pongo de ropa, con qué mano me lavo los dientes, o qué camino sigo para ir a trabajar….Lo que ocurre es que el cerebro para ahorrar energía, pone piloto automático y casi ni somos conscientes de lo que estamos eligiendo en cada momento

 

¿Te has preguntado o fijado alguna vez cómo tomas tus decisiones?.

En las últimas semanas me han surgido diferentes situaciones, artículos de lectura, incluso meditaciones relacionados con  la toma de decisiones y me han hecho plantearme cómo  tomo yo las mías.

Y me diréis “vale Chon, y todo eso ¿que tiene que ver con el título del post: LIBRE?”.

Pues mucho. Deja que me explique.

Es posible que seas una persona muy reflexiva y que pienses y requetepienses cada una de las decisiones que has de tomar, los pros, los contras, las consecuencias en tí y en tu entorno….

Pero también es posible que sea todo lo contrario, y que, al menos en ocasiones, tomes tus decisiones en el momento, sin pensarlas demasiado, decides lo que te sale.

El ritmo actual de vida, las prisas, la inmediatez (“lo quiero ya o, mejor, para ayer”) y las cantidades ingentes de información de todo tipo (que suelen más desinformar o “toxinformar”) hacen que, muchas veces, nuestras decisiones sigan el mismo camino (rápidas y sin posarlas ni pensarlas).

No sé si conoces a Victor Frankl, neuropsiquiatra judío que sobrevivió a los campos de concentración nazi. Perdió allí a toda su familia (padres, hermano, mujer). Realizó un “estudio” sobre qué es lo que hacía que algunos prisioneros, a pesar de las circunstancias tan terribles que estaban viviendo, decidieran no acabar con su vida suicidándose como hacían otros.

¿Sabes a qué conclusión llegó? Que los que decidían vivir tenían un propósito de vida y eligieron tener una actitud para ello. Su libertad de decidir qué actitud tomaban ante las circunstancias, por muy adversas que fueran, no se la podían arrebatar.

La libertad de cada individuo radica en la capacidad de elección de su actitud ante las circunstancias que se presentan en la vida.

Ya te he hablado en otras ocasiones de las dificultades que existen  actualmente en mi trabajo como pediatra: consultas cada vez más saturadas, falta de suplentes que suponen más carga de trabajo, sentimientos de frustración ante falta de perspectivas y de respaldo de los responsables de centros…. y cierto miedo de que se puede pasar algo “importante”.  Tienes deseos de mandarlo todo a freír monas y se te quitan las ganas de seguir adelante, lo que también causa tristeza porque es lo que he querido hacer toda mi vida y hasta esa vocación parece que te arrebatan.

Pero entonces piensas en cual es tu actitud ante todos esos pensamientos y emociones encontrados y decides que tú y solo tú, eres quien decides cómo gestionar todo eso: recuerdas cómo te gusta lo que haces y  lo bien que te sientes cuando ves que unos padres primerizos salen de la consulta con cara de alivio, decides poner música en la consulta, sonríes porque realmente te sientes afortunada de hacer lo que haces y, de alguna manera te sientes libre porque nadie puede tener ese control sobre ti si tú no quieres.

Ahora te toca a tí. Piensa por un momento en una situación en la que no te sientas bien o no te encuentres cómoda. Intenta recordar qué pensamientos pasan por tu cabeza, qué emociones aparecen en esa ocasión, cómo sientes tu cuerpo.Y ahora, cierra los ojos un momento e imagina que cambias tu actitud ¿qué ocurre? ¿cómo cambian las cosas? ¿cual es el poder de tu decisión de cambiar tu actitud?.

Esa es tu LIBERTAD, la que nadie te puede quitar, porque nace dentro de ti.

PD. Siempre libres  de Loquillo y los Trogloditas


chon jorquera

pediatra coach

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